Acostumbrándome
Publicado: Miércoles, 28 de septiembre del 2011 | Autor: Shinja | Categoría: Poznan | Sin comentarios »Ya pasó. El caos inicial, digo. Me refiero a que llevo una semana sin estar aún en mi residencia, los dos primeros días tuve que andar de taxi en taxi (y tiro porque me toca), buscando donde dormir, y luego el Domingo tuve que rehacer la maleta y mudarme a mi residencia definitiva (os pondré fotos para que veáis el antro en el que vivo, aunque ahora que pusieron el techo y no hay cables eléctricos colgando por el pasillo ha ganado enteros). Además ya hice unas visitillas al Ikea y tengo el equipamiento básico para sobrevivir. Lo mismo con los trámites de la Universidad y tal, y la tarjeta de transporte, que ya está todo finiquitado. Vamos, que ahora empieza la “rutina”.
Por cierto, en Jowita nos tienen manía a los españoles. Pero a un nivel bestial. El primer día estábamos de relax tomando unas Warka en el pasillo, pero muy de relax, que no íbamos a salir ni nada, sin jaleo en absoluto, y aún así llegó la encargada de recepción a echarnos a cada uno pa nuestra habitación. Más tarde me enteré de que en la novena planta, donde están los polacos (que por cierto se quejan de nosotros aún sin haber hecho nada, sólo por el hecho de estar en su misma residencia), había fiesta en plan veinte en la cocina montándola.
Otro detalle de los polacos de la novena planta son sus habitación, recién renovadas, con todos los muebles casi a estrenar. Y bueno, habitación doble con dos escritorios, y no con una mesa de 50×50 como tengo yo mi habita, que si pongo el Mac y el disco duro ya no queda nada de espacio. Y no lo sé seguro, pero apuesto a que sus armarios tendrán algún método para que permanezcan cerrados más allá de una pinza sujeta a un alambre (eso los armarios que no tienes que abrir metiendo algo por su cerradura y tirando pa fuera). Lamentable. Pero bueno, nada comparado con no tener techo el primer día.
Ah, y aquí no gastan persianas. Yo, sorprendentemente, ya me he acostumbrado. Hoy a las 6 me desperté, y estaba la habitación igual que si encendía la luz, pero me giré, cerré los ojos, y a volver a sobar sin fallo hasta mi hora de levantarme.





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